Gobernadora de Baja California enfrenta creciente presión de Palacio Nacional tras escándalo de grabaciones

La gobernadora de Baja California, Marina del Pilar Ávila, se encuentra en una situación cada vez más complicada, no solo por las investigaciones en su contra en Estados Unidos, sino también por el creciente malestar en Palacio Nacional. De acuerdo con información que ha trascendido, la presidenta Claudia Sheinbaum estaría harta de tener que pagar los costos políticos de defender a una mandataria que, desde que se divulgaron grabaciones donde se ofrece como informante del gobierno estadounidense, no ha dejado de cometer errores.

Ávila lleva más de un año sin visa para ingresar a Estados Unidos y está sujeta a una investigación criminal de la que el gobierno mexicano tiene conocimiento, aunque sin detalles precisos. Las grabaciones, publicadas el 21 de junio y el 13 de julio por el columnista Héctor de Mauleón en El Universal, exponen sus supuestas traiciones a la presidenta, al expresidente Andrés Manuel López Obrador, al proyecto de la Cuarta Transformación y a la patria misma.

Entrevista revela contradicciones

La gobernadora intentó defenderse en el ámbito público, pero en Palacio Nacional la caracterizan como alguien con poca inteligencia y sentido común. Un ejemplo de ello fue su entrevista del pasado domingo con Ilia Calderón en el programa “Esta Semana” de N+ Univisión, donde quedaron expuestas sus mentiras y contradicciones. En dicha entrevista, Ávila, quien es asesorada por Iván Silva —consultor presidencial que maneja la estrategia de las 17 campañas para gobernador en 2027 y que es investigado de manera independiente por su relación con el crimen organizado en Tamaulipas—, buscó reducir todo a un problema político interno de la 4T, alegando que el exgobernador Jaime Bonilla le tendió una trampa.

Sin embargo, Calderón no permitió que la narrativa se mantuviera. La entrevistadora logró que Ávila cayera en contradicciones, especialmente al preguntarle cómo confió en Bonilla, con quien había tenido una confrontación agria durante años. La gobernadora identificó a la persona que Bonilla le presentó como un “asesor” del HSI (Homeland Security Investigations), que también representaba al FBI, a pesar de que ninguna de esas agencias tiene competencia en temas de visas, que son responsabilidad del Departamento de Estado.

Contratación legal previa y mentiras al descubierto

Para cuando ocurrió esa reunión, Ávila ya había contratado a un abogado en Miami, Michael Nadler, quien no es especialista en migración sino en casos criminales y de lavado de dinero. Calderón presionó a la gobernadora, quien reconoció que buscó a Nadler “por todo esto”, admitiendo implícitamente que el problema de la visa no era su única preocupación. Más tarde, Ávila afirmó que contactó al abogado por los planteamientos del “asesor” sobre convertirse en informante y para afinar detalles en Panamá, pero Calderón la atrapó en una mentira: la contratación de Nadler ocurrió al menos seis meses antes de la reunión con el supuesto asesor, lo que sugiere que ya estaba preocupada por posibles imputaciones penales desde antes.

Este contexto ayuda a dimensionar las palabras de Ávila en las grabaciones, donde ofrece información sobre las discusiones de las mesas de seguridad al Departamento de Justicia y al “asesor” vinculado con Bonilla, quien, según un funcionario estadounidense, ha sido informante del FBI desde hace tiempo. Calderón presionó sobre este punto, pero la gobernadora evadió, señalando que en reuniones institucionales se habla de temas de seguridad bilateral. Sin embargo, la entrevistadora no se refería a esas reuniones, sino a lo que promete en las grabaciones: entregar todo lo escuchado en las mesas de seguridad para resolver su situación legal en Estados Unidos.

Violaciones legales y presión presidencial

Al actuar fuera del marco institucional, Ávila habría violado la Ley de Seguridad Nacional e incurrido en el delito de traición a la patria, al no informar a la Secretaría de Relaciones Exteriores sobre su reunión con el agente estadounidense ni reportar lo que hablaron. De todo lo revelado por De Mauleón, la presidenta Sheinbaum se enteró a través de las columnas del periodista. La exasperación presidencial tiene fundamentos sólidos, y la introducción del factor Bonilla es vista solo como un distractor para alargar la vida política de la gobernadora. Sheinbaum tiene razón al considerar que Ávila es un lastre del que debe deshacerse.

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