La postura del gobierno mexicano hacia Cuba revela una creciente tensión entre el discurso de solidaridad y las decisiones de política exterior condicionadas por intereses estratégicos, particularmente con Estados Unidos. Aunque históricamente México ha defendido la soberanía cubana y criticado el embargo estadounidense, su apoyo real ha sido más simbólico que concreto, limitado por la presión del gobierno de Trump, que amenaza con sanciones comerciales a quienes respalden al régimen cubano.
De la coherencia ideológica al pragmatismo político
El expresidente Andrés Manuel López Obrador ha invitado a la ciudadanía a donar a Cuba a través de una asociación civil recién creada, una medida que contrasta con su histórica desconfianza hacia estas organizaciones, a las que durante su administración calificó de opacas y al servicio de intereses conservadores. Esta inversión de criterio plantea una pregunta: ¿las asociaciones civiles son válidas solo cuando sirven a causas ideológicamente alineadas?
Además, el gobierno de Estados Unidos ha calificado al régimen cubano como una organización terrorista y un asunto de seguridad nacional, lo que implica que cualquier donación podría interpretarse como apoyo a un grupo sancionado, con posibles consecuencias legales o migratorias para quienes participen. Esta situación pone en riesgo a mexicanos que dependen de visas para viajar, estudiar o hacer negocios en Estados Unidos, transformando un acto de solidaridad en una decisión con altos costos prácticos.
El costo ciudadano de las contradicciones oficiales
La política exterior mexicana hacia Cuba evidencia un ejercicio de pragmatismo más que de coherencia ideológica. Se mantiene el discurso de apoyo simbólico para conectar con la base política de Morena, pero se evitan acciones que puedan afectar la relación con Washington. El resultado es una postura ambigua: se defiende el modelo cubano en el plano retórico, pero sin promoverlo; se critican las asociaciones civiles en general, pero se utilizan cuando son convenientes.
“El apoyo a Cuba no solo debe evaluarse desde la solidaridad, sino desde la coherencia y la responsabilidad. Cuando la política exterior se mueve entre símbolos y contradicciones, quienes terminan asumiendo los costos, son los ciudadanos.”
Cuba, por su parte, atraviesa una de las crisis más severas de su historia reciente, con migración masiva, escasez de bienes y deterioro económico. Aunque el embargo estadounidense sigue siendo un factor, estos problemas también exponen las limitaciones de un modelo económico que, durante décadas, fue presentado como alternativa viable, pero que en la práctica ha mostrado su fragilidad.