Un informe global de Oxfam, titulado “Contra el imperio de los más ricos. Defendiendo la democracia frente al poder de los multimillonarios” y publicado el 19 de enero, revela datos alarmantes sobre la desigualdad económica en México y América Latina. Según el documento, el empresario Carlos Slim Helú gana en un solo segundo lo que una persona promedio en México tarda una semana completa en obtener con su trabajo. A pesar de ya contar con una enorme fortuna, el crecimiento acelerado de su riqueza ha ocurrido precisamente durante los gobiernos que se han autodenominado “de los pobres”, en referencia a la administración de la Cuarta Transformación.
Un sistema que perpetúa la desigualdad
El análisis de Oxfam señala que el sistema económico mexicano actúa como cómplice de la desigualdad, un patrón que se extiende por toda América Latina. La organización destaca que la región es una de las más desiguales del mundo, donde el 1% más rico concentra una parte desproporcionada de la riqueza frente al 50% más pobre. Los sistemas fiscales, lejos de corregir esta brecha, la profundizan: el 50% más pobre destina el 45% de sus ingresos al pago de impuestos, mientras que el 1% más rico aporta menos del 20%, lo que desmiente la idea común de que “los pobres no pagan impuestos”.
“Se ha consolidado una élite cuya prosperidad avanza al margen y a costa del resto de la sociedad. La concentración de la riqueza no ha dejado de acelerarse. Desde el año 2000, la riqueza conjunta de este reducido grupo de milmillonarios creció un 443%; solo en el último año, aumentó en un asombroso 39%”, señala el informe.
El poder de los ultrarricos en la política
Hasta noviembre de 2025, México contaba con 22 multimillonarios cuya riqueza combinada ascendía a 219,000 millones de dólares. Oxfam denuncia que este grupo influye directamente en las decisiones gubernamentales: presiona a autoridades, adquiere medios de comunicación y utiliza herramientas legales para garantizarse impunidad. Más allá de ejercer presión, forman parte activa de los círculos de poder. Durante la presidencia de Andrés Manuel López Obrador, se creó el Consejo Asesor Empresarial, integrado por figuras como Ricardo Salinas Pliego, Carlos Slim y Alfonso Romo, quienes obtuvieron beneficios tangibles de programas como las Tarjetas del bienestar y megaproyectos gubernamentales.
Este patrón continuó con la administración de la presidenta Claudia Sheinbaum, quien nombró a Altagracia Gómez Sierra, directora de Minsa, como coordinadora del Consejo Empresarial del gobierno. Gómez Sierra declaró desde el inicio del gobierno: “a los empresarios no nos toca ser oposición”. Esta postura refleja una alianza estructural entre el poder político y económico, una dinámica presente desde gobiernos anteriores y que, según el texto, la 4T no ha roto, sino perfeccionado.
La imposibilidad del ascenso social
Un análisis publicado por El Imparcial ilustra la abismal distancia entre el trabajador común y los magnates globales. La fortuna de Elon Musk, dueño de Tesla, SpaceX y X (antes Twitter), se estima en 852,000 millones de dólares. Con un salario mínimo en México de 315 pesos diarios (6,764 dólares anuales), un trabajador tardaría 125 millones de años en acumular esa cantidad, sin gastar un solo peso. De forma similar, la fortuna de Carlos Slim, de 82,500 millones de dólares, equivaldría a más de 12 millones de años de salario mínimo continuo.
Gloria García-Parra, directora regional de Oxfam en América Latina y el Caribe, subraya que los milmillonarios ganan en promedio más de 491,000 dólares al día. Un trabajador con salario mínimo necesitaría 102 años de trabajo ininterrumpido para alcanzar esa cifra, y eso sin cubrir ninguna necesidad básica. Esta realidad evidencia cómo el sistema capitalista no solo permite, sino que impulsa el crecimiento desmedido de la riqueza en manos de unos pocos, mientras la clase trabajadora queda atrapada en una dinámica de explotación.
El llamado a la acción
Oxfam ha advertido en años anteriores que el 1% más rico del mundo posee tanta riqueza como el 99% restante, y que en 2017, solo ocho personas concentraban la misma riqueza que 4,000 millones de personas. La pobreza no solo persiste, sino que aumenta en número y profundidad. El problema, según el análisis, radica en el sistema capitalista de producción, que se apropia del valor generado por la fuerza de trabajo y de la plusvalía que produce cada jornada laboral.
Para transformar esta realidad, se plantea una salida clara: “organizarse, educarse políticamente y luchar para tomar el poder en todos los países y establecer una sociedad que elimine la propiedad privada de los medios de producción y la apropiación de la plusvalía de los hombres trabajadores”. Solo así, se argumenta, será posible acabar con la explotación y con una pobreza que impide vivir con dignidad.