El auge de la inteligencia artificial pone en riesgo el suministro de agua por el alto consumo eléctrico

El avance acelerado de la inteligencia artificial (IA) está ejerciendo una presión sin precedentes sobre los recursos hídricos, debido a que la demanda de energía para alimentar estos sistemas obliga a un uso masivo de agua en las centrales eléctricas. Este fenómeno no solo involucra el líquido utilizado para enfriar los servidores en los centros de datos, sino también el consumo indirecto derivado de la generación de electricidad necesaria para su funcionamiento.

Un reporte de Bloomberg Línea advierte que el gasto de agua indirecto puede superar con creces lo que se registra dentro de las propias instalaciones tecnológicas. Esta situación representa un peligro latente para las zonas que ya padecen sequías, temperaturas extremas y problemas para asegurar el agua a la población.

El impacto de la generación eléctrica

Para que los sistemas de IA procesen grandes volúmenes de datos, requieren una electricidad constante. Gran parte de este suministro proviene de plantas termoeléctricas que necesitan agua para producir vapor y mover sus turbinas. Por esta razón, aunque las compañías tecnológicas implementen sistemas de refrigeración más eficientes en sus edificios, la huella hídrica total puede seguir siendo muy alta por la demanda de las plantas eléctricas.

Un ejemplo claro es el de Meta, cuya empresa registró en 2024 un consumo indirecto que representó cerca del 96% de los 21 mil millones de galones de agua que utilizó. Esto equivale a unos 80 mil millones de litros, una cifra que subió un 120% en comparación con lo reportado en 2021, según su propio informe de sostenibilidad.

Disparidad en las cifras de consumo

Existen diferencias notables en las estimaciones sobre cuánta agua se consume de forma indirecta en Estados Unidos. Mientras que el Laboratorio Nacional Lawrence Berkeley calcula un gasto anual de 211 mil millones de galones, la organización ambiental Ceres estima que la cifra podría alcanzar los cuatro billones de galones. Estas variaciones se deben, en parte, a que no existe un protocolo único para reportar este impacto, una necesidad que incluso Amazon Web Services ha señalado para lograr comparaciones reales entre empresas.

Presión en regiones con sequía

En estados como Arizona, el crecimiento de la infraestructura tecnológica choca con la escasez de agua. En la zona de Phoenix, las ciudades dependen del río Colorado para abastecer entre el 20% y el 50% de su demanda. Se proyecta que los nuevos centros de datos de IA en la región podrían elevar el consumo directo de agua a cinco mil millones de galones anuales, lo que representaría el 4.5% de la producción actual de Phoenix.

Este escenario es preocupante debido a las sequías prolongadas y las temperaturas que alcanzan los 42 grados Celsius en la zona. Ante esto, la expansión tecnológica también enfrenta trabas; la firma Data Center Watch reportó que al menos 45 proyectos de este tipo fueron frenados o retrasados en Estados Unidos entre abril y junio, debido a las preocupaciones por el impacto en los recursos naturales y las comunidades locales.

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