La inteligencia artificial se presenta como un arma de doble filo que podría fortalecer o debilitar la democracia mexicana en las próximas contiendas electorales. Ante el panorama de las elecciones federales de 2027, surge la necesidad de que el proyecto de la Cuarta Transformación desarrolle herramientas tecnológicas capaces de contrarrestar el uso malintencionado de esta tecnología, que actualmente se utiliza para atacar a los movimientos sociales y políticos.
El escenario para el próximo año, donde se renovarán las 500 diputaciones y se elegirán gobernadores en 17 estados, marcará un precedente histórico. Se anticipa una saturación de contenidos falsos, incluyendo videos y audios manipulados, campañas de desinformación masiva y el uso de ejércitos de bots diseñados para sembrar odio y miedo en la población.
La dualidad de la tecnología: entre el riesgo y el beneficio
La capacidad de la inteligencia artificial es ambivalente. Por un lado, tiene el potencial de ser un instrumento de destrucción, facilitando desde el desarrollo de armas biológicas —como han documentado casos en investigaciones de Anthropic— hasta la manipulación política y el aumento de la desigualdad económica. Sin embargo, la misma tecnología ofrece soluciones para el bienestar humano, como la aceleración en la creación de vacunas, diagnósticos médicos precisos para enfermedades como el cáncer o el Crohn, y la optimización del consumo energético global.
En el ámbito de la información, la IA puede ser utilizada para el autoritarismo, pero también tiene la facultad de democratizar el conocimiento y permitir que cualquier ciudadano acceda a herramientas de investigación y traducción de alto nivel, equilibrando la balanza frente a las grandes organizaciones.
Defensa democrática y combate a la mentira
Para enfrentar la “artillería de la mentira” que suele dirigirse contra el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum y el partido Morena, es imperativo que se utilicen los mismos avances tecnológicos para crear un “antídoto”. Esto implica el desarrollo de instrumentos de inteligencia artificial que permitan a la ciudadanía verificar, en cuestión de segundos, la veracidad de cualquier video, audio o afirmación recibida.
El Estado y las fuerzas políticas de izquierda tienen la responsabilidad de detectar redes de desinformación coordinadas. Más allá de las conferencias de prensa o la publicidad tradicional, la respuesta debe ser tecnológica. Asimismo, se plantea que la IA sea una herramienta para la transparencia, traduciendo presupuestos y contratos públicos a un lenguaje sencillo que facilite la fiscalización ciudadana y fortalezca la participación del pueblo en la vigilancia de los recursos.
El éxito de este despliegue tecnológico en 2027 será determinante para el futuro de la política en México, sirviendo como prueba de fuego antes de los comicios presidenciales de 2030, cuando estas herramientas serán aún más potentes y complejas.