Corre el segundo mes del año y ya se encuentra en su segundo año el gobierno estatal de Veracruz, sin embargo, llama la atención el comportamiento autónomo de la gobernadora Rocío Nahle, quien parece actuar sin asesoría política cercana o sin un equipo que la oriente en sus relaciones con las comunidades locales. Esta impresión surgió tras la cobertura realizada por El Cañero de la Cuenca, medio destacado en la región del Papaloapan, sobre la reciente asistencia de la mandataria a las fiestas patronales en honor a la Virgen de la Candelaria en Tlacotalpan.
¿Un vacío político o una ofensa calculada?
Lo llamativo no fue su presencia, sino la notoria ausencia de alcaldes y diputados locales de Morena en el evento. El medio cuestionó si esto se debió a una falta de invitación o simplemente a desinterés, planteando:
¿Falta de invitación o falta de interés?
y agregó otra duda incómoda:
¿Es un mensaje de división interna o simplemente un descuido logístico?
En años anteriores, estas instancias solían estar llenas de figuras morenistas con guayaberas blancas y sonrisas protocolarias, lo que hacía previsible su participación.
Desde la capital estatal, en Xalapa, o desde la residencia oficial en Boca del Río, podría argumentarse que la simple presencia de la gobernadora era suficiente. Sin embargo, en el contexto político local, esta ausencia resulta simbólica y significativa. Las comunidades de la Cuenca del Papaloapan tienen tradiciones profundas en torno al reconocimiento mutuo entre autoridades. Ignorar a los principales locales no se percibe como un descuido, sino como una afrenta grave.
En pueblos pequeños, los desplantes pesan
En las comunidades veracruzanas, dejar fuera a líderes municipales o representantes regionales de un acto público puede interpretarse como un acto de hostilidad directa. Esta dinámica, conocida como “pueblo chico, infierno grande”, intensifica las pasiones políticas y amplifica las ofensas. El autor recuerda experiencias vividas en Acayucan durante los años setenta, donde incluso compartir un café con ciertas personas generaba alianzas políticas forzadas en la percepción colectiva.
Un ejemplo reciente que ilustra esta tensión ocurrió el 13 de enero en Cosamaloapan, cuando la alcaldesa de Lerdo de Tejada, Flor María de Jesús Sosa Zamudio, estalló en reclamos contra Esteban Ramírez Zepeta, dirigente estatal de Morena, por no invitarla al estrado principal de un evento, relegándola a un lugar secundario. Ella, electa bajo la candidatura del PT y posteriormente integrada a Morena, se sintió marginada, presuntamente por no tener “sangre guinda”. Su reacción fue tan contundente que terminó siendo ascendida en el acto, aunque trascendió que ahora podría sumarse al PVEM.
La soledad de la gobernadora y sus posibles consecuencias
Este incidente, ocurrido a escasas distancias de Tlacotalpan y apenas días antes de la celebración de La Candelaria, no pareció servir de advertencia. La gobernadora Nahle acudió al evento sin la compañía de figuras locales de su propio partido, lo que generó especulaciones: o bien no fueron invitados, o decidieron hacerle el vacío. En cualquier caso, quien terminó expuesta fue ella.
Se cuestiona la ausencia de asesores veracruzanos en su entorno que pudieran advertirle sobre estas sensibilidades locales. A diferencia de gobernadores anteriores como Patricio Chirinos y Dante Delgado, quienes contaron con Gonzalo Morgado Huesca —un experto en el tejido social y político del estado— Nahle parece carecer de una figura que la conecte con las raíces del territorio. Morgado conocía a fondo a los líderes locales, caciques, curas y dinámicas comunitarias, lo que evitaba errores simbólicos que ahora se repiten.
Contraste con otras fuerzas políticas
Mientras tanto, figuras de otros partidos aprovecharon el momento. Jorge Álvarez Máynez, líder nacional de Movimiento Ciudadano, estuvo presente y se mostró cercano a la gente, saludando y tomándose fotos con quienes lo reconocían. Lo mismo hizo la dirigencia estatal del PVEM, encabezada por Édgar Herrera Lendechy, con fuertes raíces en la región. Aunque no se acercaron a Nahle, su visibilidad contrastó con el aislamiento de la gobernadora.
Incluso Rosita Herrera Borunda, días antes, había visitado municipios como Lerdo y Alvarado, acompañada por alcaldes de la Cuenca, lo que subraya la desconexión de Nahle con sus propios cuadros regionales. Ella llegó solo con su círculo cercano del Palacio de Gobierno, blindada, como si careciera de la estrategia de integración que otros líderes han dominado.
Algunos especulan que le hace falta alguien como Eric Cisneros, un operador político capaz de articular a todos los niveles, incluso con opositores, y preparar candidaturas con base en perfiles reales. Hoy, los presidentes municipales de la región podrían estar enfrentando el descontento de sus ciudadanos al verse ignorados, o bien celebrando haber demostrado que pueden prescindir de la gobernadora.
Una polémica adicional: el manejo de servicios
Aumentando las sospechas, El Cañero señaló que la secretaria de Cultura, Xóchitl Molina González, otorgó de forma exclusiva el servicio de alimentos durante el evento a un solo prestador, dejando fuera a otros prestadores locales que históricamente participaban. Esta decisión generó cuestionamientos sobre posibles actos de favoritismo o
moche
, según el medio. La pregunta queda en el aire: ¿hubo trato preferencial a cambio de beneficios?